3.La prevención victimal como eje de intervención criminológica

 La prevención victimal como eje de intervención criminológica


Uno de los aportes más significativos de la victimología al estudio del delito es el desarrollo del concepto de prevención victimal, el cual desplaza la atención exclusiva del castigo hacia la reducción de las condiciones que favorecen la victimización. Este enfoque parte de la idea de que la violencia no debe enfrentarse únicamente con respuestas represivas, sino mediante estrategias integrales que permitan anticiparse al daño, disminuir la vulnerabilidad de las personas y fortalecer los entornos sociales protectores.

Tradicionalmente, las políticas criminales se orientaron a perseguir y sancionar al delincuente una vez cometido el delito. Sin embargo, este modelo reactivo ha demostrado ser insuficiente para atender la complejidad de los fenómenos sociales asociados a la violencia. La victimología introduce entonces una visión preventiva que busca intervenir antes de que ocurra el hecho delictivo, analizando factores de riesgo, dinámicas comunitarias y contextos que pueden propiciar situaciones de victimización (Aquino Bustos, Cáceres Vázquez, & Arcos Martínez, 2019).

La prevención victimal implica comprender que existen determinados grupos o personas que, debido a condiciones sociales, económicas o culturales, se encuentran en mayor exposición al delito. Factores como la desigualdad, la exclusión social, la falta de información, la debilidad de redes comunitarias o la ausencia de políticas públicas eficaces pueden incrementar esa vulnerabilidad. Por ello, el análisis victimológico no solo estudia el daño ocurrido, sino también las circunstancias que lo hicieron posible, con el propósito de diseñar mecanismos que reduzcan esas probabilidades (Gorra, s.f.).

Este enfoque preventivo se articula en distintos niveles. En primer lugar, se encuentra la prevención primaria, orientada a toda la sociedad y dirigida a promover valores de convivencia, educación en derechos humanos y cultura de respeto. Se trata de generar condiciones sociales que dificulten la aparición de conductas violentas mediante la formación, la sensibilización y el fortalecimiento del tejido comunitario.

En segundo lugar, la prevención secundaria se enfoca en grupos específicos que presentan mayores riesgos de victimización. Aquí se desarrollan programas focalizados de apoyo social, orientación, acompañamiento institucional y estrategias de seguridad que buscan reducir situaciones de exposición al delito.

Finalmente, la prevención terciaria se dirige a personas que ya han sido víctimas, con el objetivo de evitar la revictimización y facilitar procesos de recuperación. Esto incluye atención psicológica, asesoría jurídica, mecanismos de protección y acciones que permitan restablecer la confianza en las instituciones y en la vida social (Aquino Bustos et al., 2019).

Desde la victimología, la prevención no se entiende como una simple medida de seguridad, sino como una política pública integral que involucra educación, salud, justicia, trabajo social y participación ciudadana. Este carácter interdisciplinario responde a la necesidad de abordar la violencia como un fenómeno multifactorial, cuya solución requiere la intervención coordinada de diversas áreas del conocimiento (Márquez Cárdenas, 2011).

Asimismo, la prevención victimal promueve una transformación en la manera de concebir la seguridad. En lugar de centrarse únicamente en el control y la vigilancia, se plantea la construcción de entornos sociales más justos, inclusivos y solidarios. La seguridad deja de ser vista como una función exclusiva del sistema penal y se convierte en una responsabilidad compartida entre el Estado y la comunidad, donde la información, la educación y la participación ciudadana desempeñan un papel fundamental (Aquino Bustos et al., 2019).

Otro aspecto relevante es que la prevención victimal reconoce la importancia de escuchar a la víctima como fuente de conocimiento. Las experiencias de victimización permiten identificar fallas institucionales, espacios de riesgo y necesidades sociales que muchas veces no son visibles desde una perspectiva exclusivamente normativa. De esta manera, la víctima no solo requiere atención, sino que también contribuye a la construcción de estrategias más eficaces para evitar nuevos hechos delictivos (Gorra, s.f.).

En el ámbito criminológico, este enfoque representa un cambio paradigmático, ya que el éxito del sistema de justicia no se mide únicamente por el número de sanciones impuestas, sino también por su capacidad de evitar que se produzcan nuevas víctimas. La prevención victimal introduce una visión más humana del control social, orientada a la protección de la persona y al fortalecimiento de la convivencia pacífica.

En conclusión, la prevención victimal constituye un eje esencial dentro de la victimología contemporánea, al proponer una respuesta no violenta frente al delito basada en la educación, la participación social y la intervención interdisciplinaria. Su desarrollo permite avanzar hacia modelos de justicia más integrales, donde la atención a la víctima y la reducción de los riesgos de victimización se convierten en objetivos centrales de la política criminológica.


Referencias


Aquino Bustos, F. J., Cáceres Vázquez, M., & Arcos Martínez, J. P. (2019). La cultura de la prevención victimal: Una alternativa no violenta para afrontar la violencia. Ciudad de México: Colofón Ediciones Académicas / Universidad Autónoma de Tamaulipas.


Gorra, D. G. (s.f.). Reflexiones sobre la víctima en el proceso penal y frente a la teoría del delito. Universidad Católica de Cuyo.


Márquez Cárdenas, A. E. (2011). La victimología como estudio: Redescubrimiento de la víctima para el proceso penal. Prolegómenos. Derechos y Valores, 14(27), 27–42.

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