3.La victimización secundaria y la intervención del sistema de justicia

 La victimización secundaria y la intervención del sistema de justicia


Después de ocurrido el delito, la víctima suele acudir a las autoridades con la expectativa de recibir protección, orientación y justicia. Sin embargo, en muchos casos el contacto con las instituciones puede generar un nuevo sufrimiento. A este fenómeno se le denomina victimización secundaria, y ocurre cuando el daño emocional o psicológico aumenta como consecuencia de la actuación de los organismos encargados de la investigación y el proceso judicial.


La victimización secundaria no es causada por el delincuente, sino por las respuestas inadecuadas del entorno institucional o social. Procedimientos poco sensibles, interrogatorios repetitivos, falta de información sobre el proceso o actitudes de desconfianza hacia el relato de la víctima pueden provocar que la persona reviva constantemente el hecho traumático. De esta manera, la víctima no solo enfrenta el recuerdo del delito, sino también una experiencia negativa dentro del sistema que debía brindarle apoyo (González, s.f.).


En el proceso penal, la víctima suele ser llamada en varias ocasiones a declarar, reconocer al agresor o relatar nuevamente lo sucedido ante distintas autoridades. Cada repetición del relato implica recordar la experiencia vivida, lo cual puede generar ansiedad, angustia o estrés. La victimología reconoce que la víctima, al convertirse en objeto de prueba dentro de la investigación, puede experimentar un segundo nivel de sufrimiento derivado del propio procedimiento judicial (Márquez Cárdenas, 2011).


Otro elemento importante de la victimización secundaria es la percepción de desprotección. Cuando la víctima no recibe información clara, siente que sus necesidades no son atendidas o percibe indiferencia por parte de las autoridades, puede desarrollar desconfianza hacia la justicia. Esto afecta no solo a la persona directamente perjudicada, sino también a la sociedad, ya que disminuye la disposición a denunciar delitos.


Asimismo, la reacción social también puede formar parte de esta etapa. Comentarios que cuestionan el comportamiento de la víctima, dudas sobre su testimonio o actitudes que minimizan el daño sufrido contribuyen a aumentar el impacto emocional del hecho. En lugar de encontrar comprensión, la persona puede sentirse culpabilizada o incomprendida, lo cual intensifica el trauma (González, s.f.).


Desde la perspectiva criminológica, la victimización secundaria evidencia una debilidad del sistema penal tradicional. Históricamente, el proceso se diseñó para investigar al infractor y probar el delito, pero no para atender las necesidades emocionales de la víctima. Por ello, la victimología propone que la administración de justicia incorpore un enfoque más humano, donde la atención a la persona afectada sea parte fundamental del procedimiento (Márquez Cárdenas, 2011).


La prevención de la victimización secundaria implica implementar medidas de atención especializada, como la entrevista única, el acompañamiento psicológico, la información oportuna y el trato respetuoso durante todo el proceso. Estas acciones buscan evitar que la persona tenga que revivir innecesariamente el hecho delictivo y favorecer su recuperación emocional.


En conclusión, la victimización secundaria demuestra que el sufrimiento de la víctima puede continuar incluso después del delito, cuando el propio sistema de justicia genera nuevas experiencias negativas. Comprender este fenómeno resulta esencial para desarrollar procesos judiciales más sensibles y eficaces, en los que la búsqueda de la verdad y la sanción del responsable no impliquen un daño adicional para la persona afectada.


Referencias

Márquez Cárdenas, A. E. (2011). La victimología como estudio: Redescubrimiento de la víctima para el proceso penal. Prolegómenos. Derechos y Valores, 14(27), 27–42.

González, R. (s.f.). La victimización: consideraciones teórico-doctrinales.

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